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jueves, 18 de agosto de 2011

PORQUE DIOS ME AMA


Porque Dios me ama, es lento para perder la paciencia conmigo.

Porque Dios me ama, toma las circunstancias de mi vida y las usa de una forma constructiva para mi crecimiento.

Porque Dios me ama, está de parte mía. Quiere verme madurar y desarrollar en su amor.

Porque Dios me ama, no derrama su ira por todos los errorcitos que cometo, que son muchos.

Porque Dios me ama, no lleva cuenta de mis pecados para darme en la cabeza con ellos cada vez que tiene la oportunidad de hacerlo.

Porque Dios me ama, le duele profundamente cuando no camino por las sendas que le agradan porque lo ve como una evidencia de que no confío en él ni le amo como debería hacerlo.

Porque Dios me ama, sigue confiando en mi cuando a veces ni siquiera yo misma confío.

Porque Dios me ama, nunca dice que soy un caso perdido: más bien trabaja pacientemente conmigo, me ama, y me corrige de tal manera que me cuesta entender la profundidad del cuidado que tiene por mi.

Porque Dios me ama, nunca me abandona aunque muchos de mis amigos lo hagan.

Porque Dios me ama, se queda a mi lado cuando llego al fondo de la desesperación, cuando veo lo que realmente soy y comparo eso con la justicia, su santidad su hermosura y su amor. En un momento así realmente puedo creer que Él me ama.

Si, ¡El mayor de todos los dones es el perfecto amor de Dios!

martes, 28 de junio de 2011

¿Amigos o compinches? Difícil diferenciarlos.

A todos nos gusta tener algún amigo con el cual contar, un amigo que en momentos difíciles pueda estar con nosotros, curiosamente, a pesar de que todos deseamos tener uno así, pocas personas cuentan con la suerte de poseer uno.
La mayoría de las veces, el término amistad nos engaña, creemos que tenemos amigos, cuando en realidad son compinches. Son esas personas con las que siempre salimos de juerga, aquellas que entre abrazos y tragos, nos dicen cuánto nos aprecian, nos sacamos fotos con ellos, brindamos y contamos los chistes que aunque no tengan gracia, nos hacen reír. Esos que en todo momento nos llaman, porque hay una fiesta en el lugar de moda, o en la casa de alguien más, que dicho sea de paso, a pesar de conocerle de poco tiempo también es nuestra amistad!!! Nueva, pero es nuestr@ amig@.
Aterrizo y observo con tristeza que lo que siempre tuve fue compinche.  A mis amigos los puedo contar con los dedos de una mano y sobran.  Curiosamente, esos amigos de verdad, no son con los que siempre salgo, no son con los que estoy en todas las fotos de mi Facebook y no son aquellos que me llaman para ir a alguna fiesta... esos amigos son los que menos veo, pero que siempre tienen una palabra de aliento, un abrazo de apoyo o simplemente están ahí, aunque físicamente no los vea.  Son esas personas que no dejan que te sientas sola, aunque no haya nadie más a tu alrededor.
Esos son los amigos, los que en las buenas te sonríen, pero en las malas están ahí, al pie de cañón.  Son aquellos que si se tienen que desvelar contigo porque tienes una tristeza o enfermedad, se quedan, aunque al día siguiente debas madrugar para ir a trabajar.
Me costó mucho tiempo aprender a diferenciar entre un amigo y un compinche.  Antes decía que tenía MUCHOS amigos, era la más amiguera del lugar, todos me querían... hasta que aterricé un día, me estrellé y al estar mucho tiempo alejada de aquellos que creía mis amigos, caí en cuenta que eran solo compinches de buenos momentos.
Hoy estoy mejor que antes. Solo tengo a las personas correctas en mi vida, aquellas que suman y no restan, tengo la gente justa a mi lado y al tener menos, se convierten en más.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

No hay peor ciego, que el que no quiera ver...

Mientras veo "Dónde está Elisa" me doy cuenta de que muchas veces nos queremos hacer los ciegos para no darnos cuenta de lo que realmente está pasando a nuestro alrededor.

Un ejemplo de ello es Viviana, una mujer que tiene su hogar formado con José Angel, su hijo adolescente y uno que viene en camino.  Sin embargo un día el "hogar perfecto" se derrumba.  Viviana se aferra a la idea que todo está bien, hasta que su marido abandona la casa.  Solo allí ella pone los pies en la tierra (o al menos la puntita de los pies) y acepta que su matrimonio se acabó.

No entiende por qué desde hace poco tiempo su hijo expresa tanto rechazo hacia su padre.  Tampoco entiende por qué su mejor amigo gay invita a su ex esposo a fiestas en su casa (si, fiestas gay) y a ella no la invita.  Le cuesta comprender por qué su ex marido y Ricardo, su mejor amigo gay (el de ella, no el de él), hablan tanto por teléfono y tienen una amistad tan estrecha... 

Viviana sospecha algo, pero se niega a aceptarlo.  Su cabeza da vueltas pensando, pero no se atreve a llegar a una conclusión... Viviana no quiere ver lo que está sucediendo en sus narices.  Simplemente es la peor ciega, justamente, porque no quiere ver.

En el capítulo de hoy le preguntó a su amigo Ricardo, si su ex marido es gay... por fin se atrevió, pero él le dijo que hablara directo con su esposo.  Mientras escribo estas líneas la telenovela sigue su curso y yo espero la escena donde José Angel le confiese su tendencia sexual... (según los adelantos así va a ser).

En resumen, a veces las cosas suceden delante de nosotros y por más claras que son, nos tapamos los ojos y nos negamos a verlas... a mi me ha sucedido muchas veces, espero haber aprendido la lección, porque caer en este juego de oscuridad en medio de la claridad, no es muy inteligente.


¡Que chiquito es el mundo!

Es una frase cliché, pero en este caso vale la pena mencionarla.   Realmente nuestro planeta es pequeño y siempre hay alguien que conoce a alguien que nos conoce en otra parte del mundo.

Hace pocos minutos recibí la llamada de mi amigo Pier (Venezuela), avisándome que llevaba en su carro a un amigo mío... mi curiosidad hizo que preguntara enseguida y resulutó ser Gabriel (Panamá), a quien tenía años de no ver y que estaba de paso en Venezuela por cuestiones de trabajo.

Fue sumamente divertida la experiencia, hablé con Pier, saludé a Gabriel quien casualmente conoció a mi amigo venezolano y pude constatar que nuestro mundo es diminuto.