lunes, 22 de agosto de 2011

What Doesn't Kill You Makes You Stronger

La última docena de días he vivido una temporada de aprendizaje intenso en la vida. Miles de preguntas llegan a mi cabeza, sin encontrar respuestas y en los primeros días, mis piernas flaquearon a tal grado que pensé que no podría volver a levantarme... La misericordia y amor de Dios, y el apoyo de mis padres, fue lo que me sostuvo, sin ellos habría estado perdida en medio de una turbulencia que me llevó a tocar fondo.

Pero como decía mi abuela "no hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista". Y sobreviví!!!!!, aquí estoy , más fuerte, porque "What doesn't kill you makes you stronger" (lo que no me mata, me fortalece).

Pude entender que "todo me es lícito, pero no todo me conviene", y a través de los años he visto como la mano de Dios interviene cuando voy por un camino que de alguna manera no me conviene o puede resultar peligrosa para mi... como ser humano, es natural que al momento en que Dios me aparta eso que Él considera no debo tener o hacer, me enojo, me frustro, entristezco, lo interrogo y entro en una etapa de negación, donde prácticamente le exijo que me explique "por qué a mi".

No obstante, Dios no tiene por qué darme explicaciones de lo que Él decide hacer en mi vida, pues conoce mejor que yo, lo que realmente me conviene.

Aún no comprendo algunas cosas. Todavía tengo interrogantes, sin embargo hoy puedo decir que no tengo resentimiento, al contrario, aprendí a dar gracias a Dios absolutamente por todo lo que me ha dado permanente o temporalmente.

He llegado a un punto en mi vida, en que me he levantado y estoy caminando a paso firme, agradeciendo a Dios que por su misericordia ha tenido cuidado de mi, jamás me ha dejado sola y aunque nunca termine de comprender esa misteriosa forma en que Él trabaja, si entiendo perfectamente que es por mi bien. Es posible que de un sufrimiento peor me está librando y antes que sea demasiado tarde, arranca de raíz esa plantita que recién estaba creciendo, antes de que se convirtiera en un árbol hueco que en cualquier momento podría derrumbarse y caerme encima.

No dejaré que nada ni nadie vuelva a hacerme sentir miserable, rechazada, ni atente contra mi autoestima. La autoconmiseración es dañina para el alma y esta es la reacción de una acción negativa por parte de otra persona hacia nosotros, por lo que nunca debemos permitir que nos afecten, ni interfieran en lo que creemos de nosotros mismos.

Hoy puedo decir que soy fuerte, soy una guerrera, pasé mi tiempo de luto emocional y ya me levanté... Dios está de mi parte y siempre lo ha estado, siempre tiene cuidado de mi y estoy convencida que hay algo mejor que me tiene destinado. Mi vida ha cambiado para bien, otra vez comencé a buscarlo y esta vez no me voy a apartar de su camino.

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